Artritis Reumatoide

Por Mariano Garcia de Palau

Nacido en Barcelona el 17 de febrero de 1956. Se licencia en Medicina y Cirugía en la Universidad de Barcelona en el año 1979. Durante 38 años trabaja como médico de urgencias en el ámbito de la medicina laboral. Su interés por el cannabis surge de manera casual, y desde hace unos 15 años se dedica a estudiar el uso terapéutico del cannabis. Actualmente trabaja en Kalapa Clinic, donde asesora en tratamientos con cannabinoides, realiza trabajo clínico con pacientes y colabora con diferentes entidades y asociaciones como Catfac. Es vocal del Observatorio Español Cannabis Medicinal. Miembro regular de IACM.

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad inflamatoria crónica, de naturaleza autoinmune, caracterizada por la afectación simétrica de múltiples articulaciones y la presentación de diversos síntomas generales inespecíficos y manifestaciones extraarticulares. Sin un tratamiento adecuado, la enfermedad puede causar, en fases avanzadas, importantes limitaciones físicas, así como un marcado deterioro de la calidad de vida.

La AR se manifiesta típicamente por dolor, tumefacción y rigidez o dificultad de movimiento en diversas articulaciones pequeñas y grandes. Las articulaciones afectadas en algunos casos siguen un patrón característico. Los síntomas generales, que a veces preceden a las manifestaciones articulares y tienden a persistir durante toda la evolución del trastorno, incluyen básicamente cansancio general, sensación de malestar, fiebre ligera, falta de apetito y pérdida de peso corporal. Las posibles manifestaciones extraarticulares, que suelen presentarse cuando la enfermedad ya está establecida, afectan principalmente a la piel, los vasos sanguíneos, el corazón, los pulmones, los ojos y la sangre.

La AR es mucho más frecuente en el sexo femenino que en el masculino y suele aparecer en personas adultas mayores, pero puede iniciarse en cualquier etapa de la vida y afectar a cualquier persona, con independencia de la raza, el sexo y la ocupación.

El síntoma inicial más frecuente es la rigidez articular matutina (sobre todo en las articulaciones de manos y pies), que se presenta tras el reposo nocturno y comporta una notable dificultad para mover las articulaciones, acompañada de dolor. La rigidez matutina se puede acompañar de cansancio, fiebre, pérdida del apetito y debilidad muscular, un cuadro que a veces aparece semanas o meses antes que el dolor y los signos que denotan inflamación articular, es decir, hinchazón, calor y enrojecimiento en las articulaciones afectadas.

La evolución de la enfermedad es muy variable, ya que en algunas personas el avance de las lesiones se detiene de forma espontánea, mientras que en otras progresa a lo largo de toda la vida. Lo más habitual, sin embargo, es que el trastorno evoluciona durante muchos años o a lo largo de toda la vida, con alternancia de períodos de exacerbación sintomática –o «brotes sintomáticos agudos»– que suelen durar unas cuantas semanas o unos pocos meses y períodos de calma relativa o absoluta.

Durante los brotes sintomáticos, las articulaciones afectadas están hinchadas, tumefactas y calientes, resultan dolorosas y cuesta moverlas, sobre todo tras el reposo nocturno. En ausencia del tratamiento oportuno, estas agudizaciones tienden a ser más frecuentes y duraderas, de manera que las articulaciones afectadas van perdiendo progresivamente la movilidad, a la par que se van produciendo unas deformidades muy características que distinguen la AR de otras artritis. Sin tratamiento, lo más habitual es que la AR lleve a un importante deterioro de la funcionalidad y la calidad de vida.

El tratamiento de la AR consiste en una serie de medidas generales relacionadas con el estilo de vida, el reposo y el ejercicio, junto con una terapia farmacológica en la que puede emplearse una amplia gama de medicamentos; además, en algunos casos, se indica la aplicación de determinadas intervenciones quirúrgicas. Lamentablemente, aún no se dispone de un tratamiento que permita curar la enfermedad. Sin embargo, en conjunto, todas las medidas terapéuticas disponibles en la actualidad permiten aliviar los síntomas y mejorar el pronóstico, lo que supone un impacto muy positivo en la calidad de vida de los afectados.

Los mejores resultados terapéuticos se consiguen cuando se procede a un diagnóstico precoz y se establece el tratamiento en las fases iniciales de la enfermedad.

Las enfermedades autoinmunes constituyen un numeroso grupo de trastornos en los que, por razones aún no bien conocidas, el sistema inmunitario, encargado de la defensa del organismo, reacciona contra tejidos del propio cuerpo a los que erróneamente identifica como extraños, como si representaran una amenaza.

Cannabinoides y artritis reumatoide

Los cannabinoides como el THC y CBD, pueden ser útiles para el tratamiento de la AR. Dado que se trata de una enfermedad autoinmune, sabemos que los cannabinoides actúan modulando la actividad del sistema inmune. Cuando el sistema inmune está actuando por encima de lo necesario, y su actividad está incrementada, podemos encontrarnos con enfermedades autoinmunes. El sistema inmune ataca a estructuras y tejidos normales en el organismo, porque no los reconoce como propios, sino como extraños, es lo que sucede en los trasplantes, y por eso se inmunodeprime al paciente, para que el tejido u órgano no sea atacado y destruido por el sistema inmunitario del propio paciente.

Los cannabinoides son, pues, moduladores de la actividad del sistema inmunitario, y sabemos que el Sistema Endocannabinoide regula la actividad del sistema inmunitario, y en las enfermedades autoinmunes, pueden disminuir la actividad del sistema, con un efecto inmunodepresor, que es el responsable de la mejoría en estas patologías.

Aunque los cannabinoides son inmunosupresores, nunca se ha comprobado que en los individuos ya inmunodeprimidos como los afectados por VIH, hayan presentado más infecciones oportunistas al ser consumidores de cannabis, es un colectivo que lo ha usado para paliar la sintomatología e incrementar el apetito y mejorar la calidad de vida de los pacientes con VIH.

Por otro lado, los cannabinoides tienen un efecto analgésico atribuible principalmente al THC, pero que podemos implementar con el uso de CBD de manera conjunta en diferentes ratios o proporciones THC/CBD. Según las proporciones que manejemos, podemos minimizar el efecto psicoactivo del THC sin restar su efecto analgésico.

No estará limitada la actividad del paciente por culpa del efecto psicoactivo, que no es agradable para muchos pacientes. El efecto analgésico es muy importante para estos pacientes, ya que básicamente en las artritis el problema es inflamatorio lo que conlleva un grado de dolor variable, que puede ser moderado o severo en algunos casos.

Otro problema del paciente con AR es tratar la inflamación con los mínimos efectos secundarios posibles. Sabemos que los corticoides pueden ser efectivos en fases agudas de la enfermedad, o también podemos usar antinflamatorios no esteroideos, o AINES (aspirina, ibuprofeno, diclofenaco, indometacina, etc.), pero casi todos son gastro lesivos y pueden suponer a medio plazo una sobrecarga metabólica para el hígado. Además, inhiben la acción del THC cuando se administran conjuntamente.

Por lo tanto, no podemos pensar en tratamientos de por vida con corticoides o AINES, por sus efectos secundarios.

Los cannabinoides en dosis analgésicas no han supuesto nunca un problema metabólico hepático, que es en donde se metabolizan también los cannabinoides. No se ha detectado nunca un problema de excreción renal o toxicidad renal con los tratamientos.

El sueño puede estar alterado también en los pacientes que sufren de dolor crónico, y en el caso de la AR es importante destacar que puede haber dolor nocturno que impida el descanso y la correcta estructuración de las diferentes fases del sueño, que conlleva un descanso no reparador. Los cannabinoides nos pueden ayudar también a mejorar la calidad del sueño, y utilizando THC y CBD, podemos inducir el sueño de manera bastante efectiva, trabajando en la dosis nocturna con diferentes proporciones de THC/CBD.

Es muy importante el descanso correcto, es el primer problema que tenemos que solucionar en muchos pacientes, sin descanso reparador, no hay demasiada mejoría esperable en otros síntomas, primero tenemos que descansar correctamente para seguir tratando el resto de los síntomas.

La falta de apetito es también un problema en muchos pacientes, y podemos recurrir al THC en dosis pequeñas administrado ½ hora antes de las tomas de alimento, para que se incremente el apetito y el paciente no presente una perdida de peso patológica. Hay pacientes en los que el apetito ya mejora con el tratamiento THC/CBD y no es necesario recurrir al THC solo, antes de las tomas de alimento, pero podemos contar con este uso si fuera necesario.

Al ser dosis bajas de THC, unos 5 mg, no suponen dosis que puedan generar un efecto psicoactivo limitante, porque además estamos también administrando CBD, que nos minimizará este efecto del THC.

El estado de ánimo es otro punto débil en algunos pacientes con AR. Una enfermedad autoinmune crónica, que solo tiene de momento un tratamiento sintomático, tratar el dolor, la inflamación, pero no la cusa de la enfermedad. El CBD en este caso nos aporta también un efecto ansiolítico y antidepresivo que puede ser muy útil para el paciente,

La gran ventaja que nos aportan los cannabinoides es que con la misma familia de moléculas podemos tratar multitud de síntomas en los pacientes, lo que facilita la mejor tolerancia del tratamiento por parte del paciente, y el manejo es más fácil para el medico también.

La baja toxicidad de los cannabinoides nos asegura la ausencia de efectos tóxicos o secundarios, que pueden ser graves para el paciente en muchos casos. Es por ello que pueden ser una herramienta muy útil para los pacientes con AR. También debemos decir que, según los estudios realizados en este ámbito, los resultados en pacientes con AR no han sido lo satisfactorios que se esperaban, pero sí podemos decir que han sido muy interesantes apara algunos pacientes. También debemos tener en cuenta que, para el tratamiento, tenemos que usar más herramientas terapéuticas, no solo farmacológicas.