Cáncer y cannabis

Por Mariano Garcia de Palau

Nacido en Barcelona el 17 de febrero de 1956. Se licencia en Medicina y Cirugía en la Universidad de Barcelona en el año 1979. Durante 38 años trabaja como médico de urgencias en el ámbito de la medicina laboral. Su interés por el cannabis surge de manera casual, y desde hace unos 15 años se dedica a estudiar el uso terapéutico del cannabis. Actualmente trabaja en Kalapa Clinic, donde asesora en tratamientos con cannabinoides, realiza trabajo clínico con pacientes y colabora con diferentes entidades y asociaciones como Catfac. Es vocal del Observatorio Español Cannabis Medicinal. Miembro regular de IACM.

Probablemente, el cáncer es la causa mas frecuente de muerte en los países industrializados. Todas las células de nuestro organismo se multiplican en función de la información que contiene su código genético. Siguiendo esas instrucciones que se codifican en los genes, se pueden dividir dando lugar a células sanas y funcionales en cada uno de los diferentes tejidos de nuestro organismo.

¿Qué pasa cuando la información genética se altera por alguna circunstancia?

Que la célula resultante es anómala, y no se parece a las células normales de ese tejido, además crecen mucho mas rápido y también todas las células que provienen de ella. Se ha producido una mutación en esa célula o células. Una alteración en el genoma. Un cambio en la información genética, que dará lugar a células anómalas que se irán multiplicando en función de esa información errónea. Hay que resaltar que generalmente una sola mutación no da lugar a una célula cancerosa, se debe producir más de una mutación para que se produzca la célula neoplásica que genere una estirpe celular errónea.

Se ha formado un tumor que, tras ser estudiado mediante diferentes técnicas, TAC, RNM, biopsia y análisis citológico será catalogado como benigno o maligno.

Los tumores malignos, suelen ser de crecimiento rápido, cuanto mas rápido, peor pronóstico en general. También hay otro criterio para su clasificación, la especificidad de sus células. Cuanto más primitivas sean las células cancerosas, es decir cuanto menos se parezcan a las células normales del tejido del que provienen, peor pronóstico en cuanto a malignidad. Los cánceres que aparecen en personas jóvenes pueden ser más agresivos en general que los que aparecen en personas de edad más avanzada.

¿Cómo se puede producir un cambio en la información genética de una célula?

Se puede producir por diferentes factores, podemos inducir mutaciones por ejemplo por agentes físicos, como la exposición a radiaciones ionizantes o isótopos radiactivos, agentes químicos, como los derivados de la combustión de un cigarrillo, o virus que ocasionan al infectar células de nuestro organismo, una alteración en el ADN cromosómico, que da lugar a células tumorales. Probablemente hay muchos más factores relacionables con la enfermedad oncológica, como la calidad en los productos alimentarios, o la exposición a los nuevos compuestos que genera la industria. Incluso la radiación solar está generando cada vez más cánceres de piel. Las células derivadas de la célula madre cancerosa se multiplican con información errónea, producto de las mutaciones genéticas.

En condiciones normales, una célula que sufre daño irreparable se auto induce el suicidio, lo cual se denomina apoptosis o muerte celular inducida. Este mecanismo consigue que las células que no son ya útiles para nuestro organismo mueran de manera inducida, y no se repliquen erróneamente, formando un nuevo tejido, un tumor.

También hay que indicar que, aunque todavía los tratamientos con quimioterápicos, o radioterapia, son sin duda muy tóxicos y agresivos para el paciente, dados los avances en marcadores tumorales, cada vez los tratamientos son más específicos y selectivos en cuanto a dianas celulares se refiere, que, en definitiva, consiste en eliminar selectivamente las células cancerosas sin afectar a otras células sanas de nuestro organismo. Pero evidentemente el tratamiento del cáncer en sus diversas formas sigue siendo un reto actualmente.

Pueden ser los cannabinoides efectivos frente a algún tipo de cáncer?

Sabemos que hay cannabinoides con propiedades antineoplásicas o antiproliferativas. También conocemos incluso algunos de los mecanismos de acción a nivel molecular, lo que facilita el poder predecir cómo actúan y sus efectos terapéuticos, en relación a los posibles efectos secundarios que, como sabemos, tienen la mayoría de los medicamentos, incluidos por supuesto los quimioterápicos, siendo en este caso uno de los tratamientos mas tóxicos a los que hay que someterse para tratar la enfermedad oncológica.

Los cannabinoides inhiben la formación de nuevos vasos en el tumor, lo que determina que, al no recibir la sangre suficiente para crecer, se inhibe su crecimiento. Este fenómeno se denomina inhibición de la angiogénesis.

Los cannabinoides, así mismo, inducen la apoptosis o suicidio celular de las células tumorales, respetando la viabilidad o supervivencia de las células sanas. Hay diferentes estudios que así lo demuestran. Esta especificidad de acción, solo a nivel de las células cancerosas, es la que se busca con los quimioterápicos, que solo hagan diana en las células cancerosas, respetando las sanas. También se describen propiedades en cuanto a la reducción de posibilidades de metástasis cuando se utilizan cannabinoides. Está claro, pues, que tienen propiedades antineoplásicas. Se ha descubierto que el CBD en concreto inhibe la acción de una proteína llamada ID, la presencia de la cual determina mayor agresividad y posibilidades de metástasis tumorales. Esta proteína se presenta en varios subtipos, de los cuales el ID1 e ID3, son los inhibidos por el CBD. Son los subtipos que precisamente tenemos que inhibir en los procesos oncológicos.

Pero tenemos que reflexionar sobre una cuestión muy importante, la mayoría de los estudios sobre el uso de cannabinoides en diferentes tipos de cáncer proviene de la investigación preclínica, con animales de experimentación, básicamente ratones seleccionados, y por supuesto que, aunque compartamos un 93% de genes, su sistema inmunitario no se parece mucho al nuestro en eficiencia y complejidad.

Sí que podemos acceder a ensayos clínicos, pero suelen ser escasos y con pocos pacientes como para dar resultados extrapolables y concluyentes. Esta situación ha venido propiciada evidentemente por la situación legal del uso de cannabis en los diferentes países, es muy complicado investigar con sustancias ilegales.

El cáncer no es una sola entidad clínica, hay más de 100 cánceres distintos y cada uno es diferente del resto en muchos aspectos. Aunque el paciente presente en general una sintomatología parecida en muchos casos, dolor, ansiedad, insomnio, perdida de peso, cada tipo de cáncer afecta a diferentes tipos de células, de tejidos y órganos, y por lo tanto la sintomatología será diferente en función del tipo de cáncer.

Por ejemplo, un cáncer cerebral probablemente nos generará epilepsia, cefalea, alteraciones neurológicas, como sintomatología específica.

Dadas las características de la industria farmacéutica, y de la metodología de los ensayos clínicos, que son muy costosos en tiempo y dinero, no disponemos actualmente de información realmente contrastada y comprobada con la metodología solicitada por la comunidad científica.

No conocemos exactamente qué combinación de cannabinoides es la más adecuada para cada tipo de cáncer, tampoco sabemos exactamente qué ciclos de tratamiento tenemos que realizar en cada caso, incluso no están definidas las dosis que hay que emplear y las proporciones entre los diferentes cannabinoides.

Entonces, ¿por qué usamos cannabinoides ya?

Pues básicamente por su baja toxicidad; conocemos sus efectos secundarios que hemos comentado en otros artículos, y podemos manejarlos de manera segura en combinación con otros fármacos en la mayoría de las ocasiones, sin encontrar reacciones adversas, o efectos secundarios que nos impidan realizar el tratamiento o puedan poner en riesgo la estabilidad del paciente.

No todos los pacientes toleran igual el tratamiento, y su eficacia tampoco es la misma en todos los casos. Habría que indicar que la mayoría de los pacientes inicia el tratamiento complementario con cannabinoides en fases avanzadas del proceso, por lo que los resultados lógicamente están muy relacionados con este hecho. Podemos usar THC sin que el paciente presente efecto psicoactivo limitante, lo cual es una buena noticia para los pacientes a los cuales les preocupa lógicamente esta situación.

Es muy importante consultar con un médico si vamos a incorporar cannabinoides a un tratamiento en general, ya que debemos tener en cuenta contraindicaciones, interacciones, y valorar las características de cada paciente para indicar o no, el tratamiento complementario con cannabinoides.

Hay que estudiar la documentación médica de cada caso y obtener los datos necesarios para valorar la indicación o no, del tratamiento con cannabinoides.

Los tipos de cáncer que se podrían tratar con cannabinoides serían glioblastomas, algunos tipos de cáncer de mama, cáncer de colon, linfomas, leucemias, cáncer de próstata, de páncreas, cáncer de pulmón, y cáncer gástrico.

Siempre insistiendo en que la mayoría de información proviene de estudios preclínicos, y no hay resultados comprobados en humanos de manera concluyente.

Y nunca es tarde para hablar un poco del verdadero protagonista de esta historia, que es el Sistema Endocannabinoide, ya que, con los cannabinoides de la planta, actuamos a través de sus receptores específicos y obtenemos los efectos que los cannabinoides generan en nosotros cuando los usamos. Los efectos antitumorales, también se ejercen a través de estos receptores.

Usamos los fitocannabinoides, en este caso, como moduladores del Sistema Endocannabinoide, pero hay otras moléculas que pueden actuar también sobre estos receptores, que no son cannabinoides de la planta, y es por eso por lo que hablamos de la "promiscuidad" de este sistema, porque diferentes sustancias pueden interactuar con los receptores, y pueden alterar la función del Sistema Endocannabinoide, que es el sistema de regulación más importante y complejo, y menos estudiado, que poseen los humanos.

Debemos tener presente que desde el punto de vista médico, faltan multitud de estudios clínicos que nos indiquen qué cannabinoides son los indicados, a qué dosis se deben administrar, y qué ciclos de tratamiento se deben cumplir. Por lo tanto, soy de la opinión de que carecemos aun de los datos necesarios para utilizar los cannabinoides como agentes antitumorales con garantías.

Otra cuestión es que, de momento, los cannabinoides se utilizan conjuntamente a los quimioterápicos, y para paliar la sintomatología que acompaña al paciente oncológico.

Respeto de todas formas a los pacientes que eligen el tratamiento con cannabinoides como monoterapia, por supuesto. Es un derecho elegir el tratamiento que más adecuado parezca, después de haber sido correctamente informado de las alternativas terapéuticas en cada caso particular.

El cuadro toxico resultante de la quimioterapia, provoca en la mayoría de los casos unos efectos secundarios que requieren en algunos casos de medicación especifica.

El paciente oncológico habitualmente presenta pérdida de peso, acompañado de falta de apetito, así como alteraciones del sueño y del estado de ánimo, que suele ser ansioso depresivo, y presenta dolor en mayor o menor grado, además de náuseas y vómitos secundarios a la quimioterapia. En este contexto los cannabinoides ya son efectivos para tratar estos síntomas descritos, siendo necesario encontrar la combinación correcta y la dosis terapéutica exacta para cada paciente. Para tratar estos síntomas son válidas las variedades con ratio 1/1, CBD/THC, pero sin olvidar que el THC es importante para la mayoría de los síntomas. Probablemente el uso en este caso de un extracto rico en CBD sin THC, posiblemente no daría el mismo resultado, siendo más pobre en efecto sobre el apetito y los vómitos que acompañan a la quimioterapia en algunos pacientes. En función de la tolerancia al tratamiento, tenemos que usar diferentes ratios o proporciones THC/CBD con cada paciente, según la tolerancia, básicamente al THC, en relación con su efecto psicoactivo.

Ya podemos en estos momentos actuar de manera controlada con 3 cannabinoides, THC, CBD y recientemente CBG. Tenemos productos en el mercado con CBD y CBG correctamente analizados y testados. Es imprescindible el análisis de los productos a utilizar, para conocer la concentración de cannabinoides y poder dosificar de manera precisa. Las dosis se calculan en relación al peso del paciente. Otros cannabinoides también interesantes desde el punto de vista oncológico como el CBG, serian el CBGV o Cannabigerovarin, y THCV o Tetrahidrocannabivarin. Presentan el problema de accesibilidad, ya que se encuentran en porcentajes muy bajos en la mayoría de las variedades, por lo menos que sepamos hasta ahora. El THCV suele encontrarse en porcentajes mas elevados en algunas variedades surafricanas y asiáticas Thai. Pero de los 111 cannabinoides caracterizados a día de hoy poco conocemos en relación a sus efectos, metabolismo y potencial terapéutico. Queda muchísimo camino por recorrer con esta familia de interesantes moléculas de origen vegetal.

Los pacientes oncológicos se pueden beneficiar del tratamiento con cannabinoides, para tratar los síntomas derivados de la quimioterapia y mejorar la calidad de vida.

¿Cómo pueden manejar los cannabinoides los pacientes oncológicos ?

En primer lugar tenemos que aconsejar la supervisión médica del tratamiento, sobre todo si no hay experiencia previa en el consumo de cannabis. Es importante descartar contraindicaciones y valorar las posibles interacciones del tratamiento prescrito por el oncólogo. Recordemos que el uso de cannabinoides es complementario al tratamiento oncológico. No tenemos datos concluyentes como para aconsejar al tratamiento con cannabinoides como monoterapia o terapia única.

Tenemos que diferenciar el uso paliativo de los cannabinoides, que tendría por finalidad controlar o mejorar la sintomatología que presenta el paciente, del uso con finalidad antitumoral, que muchos pacientes buscan, ya que han accedido a información en la que se indica que dosis "altas" de cannabinoides, sobre todo THC, pueden "curar el cáncer". Actualmente desconocemos exactamente qué dosis tenemos que usar, qué cannabinoides tenemos que usar, y durante cuánto tiempo los tenemos que usar, para los 200 tipos de cáncer diferentes que reconoce la OMS.

Los pacientes oncológicos pueden como mínimo mejorar su calidad de vida en muchos casos, y en otros pueden haber resultados muy positivos sobre la evolución de la enfermedad, pero científicamente no podemos presentar resultados concluyentes y fiables, entre otros factores, por la gran diversidad en los tipos de cáncer, y también en la mayoría de casos, el paciente cuando consulta ya se encuentra en estadios avanzados de la enfermedad, y es fundamental actuar lo antes posible, evidentemente. Los tratamientos oncológicos como la quimioterapia y la radioterapia, son más efectivos con el tratamiento complementario con cannabinoides en muchos casos, y el paciente tolera mucho mejor los efectos secundarios del tratamiento, así como las náuseas y vómitos, la falta de apetito, los trastornos del sueño, del estado de ánimo, el dolor. Sintomatología muy frecuente en los pacientes oncológicos.

La vía de administración más utilizada sería la vía sublingual, mediante aceites o tinturas, y nos aporta una absorción más estable que la vía oral. En los casos en los que tratamos algún tipo de cáncer cerebral, es la vía de elección, ya que conseguimos salvar el primer paso metabólico hepático del THC, y pasa directamente la barrera hematoencefálica distribuyendose por el tejido cerebral.

El efecto puede tardar en aparecer entre veinte minutos y una hora, según las caracteristicas de cada paciente, aunque en media hora la mayoría de pacientes ya detecta el efecto.

La vía oral nos va a determinar una absorción más irregular, y el efecto puede tardar en aparecer entre media hora y una hora y media, pero es una vía práctica, y cuando llevamos unos días de tratamiento, podemos mantener una absorción media aceptable que nos permita mantener el efecto de manera estable.

La vaporización de planta entera es un recurso muy interesante ya que nos aporta un efecto prácticamente inmediato. Además, si la planta está analizada podemos, al pesarla, preparar las dosis con aceptable precisión. Un paciente que está realizando un tratamiento pautado con THC y CBD, por vía oral, por ejemplo, puede vaporizar como rescate a demanda, ya que, al notar el efecto de manera rápida, puede dosificar según precise más o menos efecto. Pero para los pacientes no fumadores, es más difícil usarlo correctamente, ya que, aunque inhalas vapor y no humo, el vapor debe llegar a los alvéolos pulmonares, para que los cannabinoides se absorban correctamente.

Actualmente, podemos vaporizar también extractos o concentrados de cannabis, y es muy importante reflexionar sobre los porcentajes de cannabinoides que encontramos en estos extractos, sobre todo en los diferentes tipos de BHO.

Manejamos porcentajes del 80% en THC, lo cual nos indica que en 100 mg de extracto tenemos 80 mg de THC. Hay que tener mucho cuidado con las dosis si usamos estos extractos, ya que contienen una gran cantidad de THC. De aquí la anécdota del "grano de arroz" que ha dejado cao a más de un paciente que no tenía experiencia previa con cannabis. Tenemos que conocer qué cantidades usamos.

Sabemos que los consumidores crónicos de cannabis requieren dosis de THC cada vez más elevadas para conseguir el mismo efecto. A este fenómeno nos referimos como tolerancia. El CBD parece no generar el mismo problema, ya que, en la práctica clínica, dosis mantenidas generan el mismo efecto sin necesidad de aumentarlas. Los pacientes que han consumido cannabis previamente conocen sus efectos y pueden haber tenido experiencias positivas o no, por lo que tenemos que tener especial cuidado con los pacientes que han tenido malas experiencias con el cannabis y el efecto psicoactivo. En los consumidores crónicos es muy difícil dosificar ya que se genera tolerancia al THC debido a su uso continuado.

El paciente debe tolerar bien el tratamiento, sin presentar efecto psicoactivo y generando un área de confort que cumpla razonablemente sus expectativas en función de la patología que estemos tratando. En nuestra experiencia clínica, el uso de CBD nos permite trabajar con THC también, sin que el paciente presente un efecto psicoactivo limitante o desagradable. No todos los pacientes toleran igual los cannabinoides, hay que corregir las ratios THC/CBD y las dosis, para adaptar a cada paciente el tratamiento.

Si trabajamos con ratios cercanas a 1/1 (THC/CBD) minimizamos el efecto psicoactivo del THC; si vamos aumentando el THC, se va incrementando el efecto psicoactivo al superar la cantidad de CBD. Las variedades Índicas, por su composición en terpenos y cannabinoides, suelen aportar un efecto corporal relajante, con propiedades hipnóticas y analgésicas que pueden inducir el sueño, por lo que su uso es aconsejable en dosis nocturnas. Encontramos mirceno por encima del 0,5% como terpeno principal en la mayoría de variedades Índicas, que fortalece estos efectos.

Las variedades Sativas en general nos aportarán un efecto más cerebral, euforizante, efecto analgésico, y no suelen inducir el sueño, lo que las hace más útiles durante el día si el paciente tiene que realizar alguna tarea física. Encontramos terpenos como el borneol, poco frecuentes en variedades Índicas.

Es interesante tener en cuenta el origen de los cannabinoides cuando trabajamos con extractos o diluciones de planta entera, ya que la misma dosis de THC tendrá efectos diferentes según sea el extracto o la dilución de origen Sativo o Índico.

Fuentes consultadas / SEIC / IACM / PubMed / GH Medical.