Cannabis para el tratamiento de las adicciones (1 parte)

Por José Carlos Bouso

José Carlos Bouso es Psicólogo Clínico y doctor en Farmacología. Sus áreas de interés son la psicofarmacología y las propiedades terapéuticas de los entactógenos, los psicodélicos y el cannabis. Ha realizado investigación terapéutica con MDMA, investigación farmacológica con diferentes sustancias de origen tanto vegetal como sintético, así como estudios de los efectos neuropsicológicos a largo plazo de sustancias como el cannabis, la ayahuasca y la cocaína. Es autor del libro "Qué son las drogas de síntesis", y co-autor de “¿La marihuana como medicamento? Los usos médicos y terapéuticos del cannabis y los cannabinoides" y de "Ayahuasca y salud". Sus investigaciones se han publicado en revistas científicas. Actualmente, es Director de Proyectos Científicos de la Fundación ICEERS.

En este artículo se hace una revisión crítica al concepto de adicción y se revisan las diferentes evidencias que existen en la literatura científica sobre el potencial del cannabis y los cannabinoides en el tratamiento de las dependencias químicas.

Debido a la larga extensión de este artículo, lo separaremos en tres partes: en la primera parte, se revisará el concepto de adicción y se explicarán las diferentes perspectivas que existen de abordar el fenómeno. En la segunda parte, se cuestionarán algunos de los axiomas en los que se sustenta la ciencia biomédica de las adicciones: que estas se deben a los efectos farmacológicos de las drogas por su efecto como liberador de dopamina cerebral. Por último, la tercera parte de este artículo revisará, por fin, las evidencias provenientes de diferentes tipos de estudios (etnográficos, observacionales y ensayos clínicos) sobre el potencial uso del cannabis en el tratamiento de las drogodependencias.

¿Qué es la adicción a las drogas?

El Instituto Nacional de Abuso de Drogas de los Estados Unidos de América, que es la institución que marca al resto del mundo cuál debe ser la postura científica acerca de qué son las drogas y qué es la adicción, define la adicción así:

"La adicción se define como una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo de drogas, a pesar de sus consecuencias nocivas. Se considera una enfermedad del cerebro porque las drogas modifican este órgano: su estructura y funcionamiento se ven afectados. Estos cambios en el cerebro pueden ser de larga duración, y pueden conducir a comportamientos peligrosos que se observan en las personas que abusan del consumo de drogas."1

Siguiendo las tesis del NIDA, que son las más aceptadas por la comunidad científica, o al menos las que más trascienden fuera de los círculos científicos, la adicción se produce porque las drogas actúan sobre lo que se conoce como circuito de la recompensa (el NIDA en sus escritos divulgativos lo llama “centro del placer”2, un término carente de sentido científico, como se explicará más adelante). Los circuitos de la recompensa son una serie de vías de conexión neuronal que se activan cuando las personas se sienten motivadas para realizar una acción concreta con el objetivo de recibir una recompensa que resulta gratificante para el organismo. Pueden ser recompensas biológicas, como conseguir agua, comida o sexo, o recompensas más culturalmente determinadas, como ganar un premio en la lotería o recibir cierto reconocimiento social. Cuando un organismo inicia una conducta motivado por recibir una recompensa, en el circuito de la recompensa se libera un neurotransmisor cerebral llamado dopamina. La dopamina es la sustancia que permite la puesta en marcha y el mantenimiento de la conducta de búsqueda de recompensa (también se libera dopamina, por cierto, cuando el organismo, en vez de recibir una recompensa, recibe un castigo, lo cual probablemente sirve para aprender a no seguir persiguiendo una meta errónea). Según los ideólogos del NIDA, las drogas producen adicción porque liberan más dopamina que los reforzadores “naturales”: “El efecto de una recompensa tan poderosa motiva fuertemente a la gente a tomar drogas una y otra vez. Es por esto que a veces los científicos dicen que el abuso de drogas es algo que aprendemos a hacer muy, muy bien”.

Cannabis para el tratamiento de las adicciones

Obviamente, esta visión reduccionista por exceso de biologicismo de la adicción a las drogas no es compartida por todos los científicos. De hecho, de todas las personas que dedican su profesión al estudio y trabajo con drogas, solo es compartida por una parte (no toda, afortunadamente) de la profesión psiquiátrica, que necesitan ver en la adicción una forma de enfermedad para poder recetar sus fármacos y considerar que su especialidad es tan digna como el resto de especialidades médicas. Lo curioso es que, pese a lo aceptado de estas tesis por parte de una parte de la comunidad científica, y después de los miles de millones de euros que se invierten en encontrar un fármaco que “cure” la adicción a drogas, aún no se dispone de uno solo. La adicción a las drogas pareciera una enfermedad muy esquiva que se resiste al tratamiento farmacológico. De hecho, hay estudios que muestran que al menos el 80% de los adictos a drogas las dejan por sí mismos sin necesidad de ninguna intervención externa3. El lector interesado puede leer en los siguientes textos una serie de críticas muy bien fundamentadas al concepto de adicción como enfermedad basadas en la evidencia científica:

Revisitando el concepto de adicción

Etimológicamente la palabra adicción proviene del latín addicere, que quiere decir inclinación fuerte hacia una conducta, buena o mala. Es a principios del siglo XIX cuando el término adicción empieza a tomar connotaciones peyorativas refiriéndose a apetitos mórbidos, hábitos socialmente desviados o conductas viciosas. La primera vez que la palabra adicción se utiliza para referirse al consumo de una droga es con relación al café. El café ha sido probablemente la droga más vilipendiada a lo largo de la historia. Ha sido prohibida y legalizada en numerosas culturas y tiempos. En la Rusia de los zares había castigos muy duros para los cafetómanos, que se recluían en cafés clandestinos para consumir compulsivamente la droga a pesar del daño moral y físico que tal vicio les podía provocar, por no hablar de las consecuencias legales tan dramáticas que sufrían si la policía les pillaba. Una evidencia clara de que la adicción a las drogas a lo mejor tiene mucho de social y está muy influido por las políticas sobre drogas de un momento histórico concreto, y menos de biología y enfermedad. Este fenómeno, que hoy día nos resulta descabellado para el café, es algo cotidiano en el mundo moderno para las drogas ilegales, llegando al extremo de tener países, como Filipinas, donde su recién nombrado presidente ha iniciado un ajusticiamiento mortal hacia los consumidores de drogas en lo que van ya casi dos mil muertes desde julio pasado.4 Volviendo a la historia del concepto de adicción y las drogas, es a principios del siglo XX cuando se utiliza el término para referirse al alcohol y ya a mediados del siglo pasado se generaliza a todas las drogas.5

La ciencia actual ha ido, sin embargo, dejando de lado el término adicción para referirse a las drogas, para sustituirlo por el más difuso y ambiguo término de “drogas de abuso”. Las drogas de abuso serían aquellas que cuando se las administran a un sujeto en un contexto de laboratorio este las puntúa afirmativamente en el ítem “le gusta el fármaco” y “repetiría la experiencia”. Literal. El criterio para calificar a una sustancia como droga de abuso es que a la gente le gusten sus efectos. La tolerancia, la dependencia física, el síndrome de abstinencia y el consumo compulsivo ya no son criterios necesarios para diagnosticar “Abuso de sustancias”, de acuerdo con las clasificaciones nosológicas al uso (DSM-V). El diagnóstico se relaciona exclusivamente con las consecuencias dañinas de su consumo. El problema con esta definición es que las consecuencias dañinas están muy condicionadas, como ya hemos visto, no tanto por la farmacología de las sustancias, que también, pero probablemente más por el contexto sociopolítico en el que estas se encuadran.6 En este sentido, debería existir un diagnóstico psiquiátrico que fuera algo así como “Abuso de políticas públicas” y referirse a dichas políticas como “políticas de abuso”. Y eso incluye a las políticas públicas sobre tabaco y alcohol. Por poner un ejemplo, es llamativo que muchos eventos deportivos de máxima audiencia nacional estén patrocinados por marcas de cervezas, o que el PNSD otorgue a la patronal de bebidas alcohólicas la Cruz Blanca de la Orden al Mérito por su "esfuerzo" contra el consumo abusivo y la permisividad en la venta a menores.7 ¿No es alucinógena la realidad?

Segunda parte »

1. https://www.drugabuse.gov/es/publicaciones/serie-de-reportes/las-drogas-el-cerebro-y-el-comportamiento-la-ciencia-de-la-adiccion/abuso-y-adiccion-las-drogas
2. https://www.drugabuse.gov/publications/drugs-brains-behavior-science-addiction/drugs-brain
3. Heyman, GM. 2013. Quitting drugs: quantitative and qualitative features. Annual Review of Clinical Psychology. 9:29-59.Lopez-Quintero C, Hasin DS, de los Cobos JP, Pines A, Wang S, Grant BF, Blanco C. 2011. Probability and predictors of remission from life-time nicotine, alcohol, cannabis or cocaine dependence: Results from the national epidemiologic survey on alcohol and related conditions. Addiction. 106(3): 657-669.
4. http://internacional.elpais.com/internacional/2016/08/23/actualidad/1471947959_120093.html
5. Frenk H, Dar R. 2000. A critique of nicotine addiction. Boston: Kluwer Academic Publishers.
6. Para un análisis en profundidad de esta idea ver: Bouso JC: El sesgo legal en el estudio neuropsicológico de la adicción. En: J.M. Ruiz Sánchez de León, E.J. Pedrero Pérez: Neuropsicología de la Adicción. Madrid: Editorial Médica Panamericana.
7. http://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/05/23/el_plan_nacional_sobre_drogas_premia_patronal_bebidas_alcoholicas_50133_1012.html