Por Salvador Amigó Borrás
Doctor en Psicología y Profesor Titular de la Universidad de Valencia. Hoy en día imparte docencia en Psicología de la Salud. Desde hace varias décadas viene realizando estudios y numerosas publicaciones sobre las drogas, adoptando la perspectiva de reducción de riesgos y daños en cuanto a la intervención social en esta área, y defendiendo nuevos modelos de política de drogas que conduzcan a una progresiva legalización de las mismas. Es también el creador de la Terapia de Auto-Regulación, procedimiento psicológico que permite la reproducción a voluntad de los efectos de drogas y que ha sido aplicado exitosamente en psicoterapia. Algunos de sus libros sobre drogas son: Guía del uso racional de las drogas (2000, 2017), Cómo las drogas pueden mejorar nuestras vidas (2012), Manual para el consumo moderado y responsable de las drogas (2017), Cannabis para mejorar tu salud mental. Claves para la regulación (2024). Además, ha publicado sobre diferentes áreas de conocimiento (historia, filosofía, psicología, medios de comunicación y economía, entre otras).

Cannabis y trastornos mentales: el dilema de cuál es la causa y cual el efecto
El cannabis medicinal ha ido ganando una creciente aceptación en el ámbito científico y médico en todo el mundo gracias a los estudios clínicos basados en la evidencia, en los que se aprecia el potencial terapéutico del cannabis para el tratamiento del dolor crónico, esclerosis múltiple o como paliativo en los tratamientos del cáncer, entre otros problemas médicos [1].
Pero en el ámbito de la salud mental, aún se está lejos de contar con suficiente evidencia científica sobre su eficacia terapéutica. De hecho, el planteamiento, generalmente aceptado por buena parte de los profesionales sanitarios, es el inverso: el cannabis conduce a un deterioro de la salud mental.
En un artículo reciente del National Institut on Drug Abuse (NIDA, 2023) [2], se informa que si bien hay indicios que relacionan el consumo de cannabis con una aparición más temprana de la psicosis en personas con predisposición a los trastornos psicóticos, incluida la esquizofrenia, y de un empeoramiento de los síntomas en las personas que ya padecen psicosis, no es menos cierto que las personas con trastornos mentales recurren al cannabis para aliviar sus síntomas, lo que se conoce como la "hipótesis de la automedicación". Así, en algunos estudios se concluye que muchos usuarios de cannabis experimentan mejoras en sus niveles de ansiedad y depresión, e incluso lo consumen para reducir esos problemas emocionales [3].
Es cierto que el consumo de cannabis puede suponer perjuicios para la salud mental. Y sobre esta cuestión se hace eco también el artículo citado del NIDA, donde se señala que esta relación negativa está modulada por una serie de factores de riesgo, que son: la cantidad de droga consumida, la frecuencia de consumo, la potencia (contenido de THC) y el tipo de producto de cannabis, y la edad de la persona en el momento del primer consumo.
Pero esto no invalida el hecho de que pueda ser empleado el cannabis de forma terapéutica si la prescripción médica viene acompañada de estrategias que minimicen los factores de riesgo que acabamos de citar. Y es que los programas de reducción de riesgos y daños de las drogas ya han mostrado su eficacia en este sentido. Por tanto, sigue siendo totalmente justificado, en este punto, y teniendo en cuenta la controversia abordada en los párrafos anteriores sobre la dirección de la causa entre el consumo de cannabis y la salud mental, preguntarnos si el cannabis medicinal puede mejorar la salud mental.
Así, existen indicios más que suficientes sobre su potencial terapéutico en este ámbito, basados tanto en estudios de laboratorio como en estudios observacionales. Una amplia revisión al respecto la podemos encontrar en Amigó y Miravete (2024) [4].
La bioquímica del cannabis y la salud mental
Es interesante constatar los resultados de estudios bioquímicos de laboratorio que indican un desbalance del sistema endocannabinoide, con un déficit de endocannabinoides, en diferentes problemas de salud mental. Así, se ha encontrado niveles séricos bajos de anandamida (ADA) y 2-araquinodil-glicerol (2-AG) en mujeres diagnosticadas de depresión mayor que no estaban medicadas [5,6].
Se ha relacionado también la fisiopatología del Trastorno de Estrés Postraumático (TEP) con el sistema endocannabinoide, observándose en estudios con imagen cerebral una sobreexpresión de receptores CB1 en cerebros de personas con TEP comparados con controles, a la vez que una significativa reducción de los niveles periféricos de ADA [7].
Si en los trastornos mentales existe un déficit de endocannabinoides, es lógico pensar que un aporte de cannabinoides externos puede paliar este déficit y así mejorar la salud mental.
Así, se ha encontrado que los efectos ansiolíticos del CBD se han asociado a su acción sobre el sistema límbico: amígdala, hipotálamo, hipocampo, circunvolución cingulada posterior y circunvolución parahipocampal izquierda, que son áreas cerebrales relacionadas con la patofisiología de la ansiedad [8]. También se han encontrado niveles séricos de ADA y 2-AG aumentados en pacientes con depresión mayor tratados con terapia electroconvulsiva [9].
Por otra parte, se ha encontrado que los niveles de ADA en el fluido cerebroespinal y la sangre en pacientes esquizofrénicos están relacionados con los síntomas psicóticos [10,11], y también que los niveles de ADA están en función de la frecuencia de consumo de estos pacientes [12]. En estos casos, los mecanismos fisiológicos compensatorios del sistema endocannabinoide juegan un papel importante.
Estos resultados nos llevan a deducir que, efectivamente, con el aporte de los cannabinoides que la planta proporciona es posible mejorar problemas mentales, como son la ansiedad, depresión y trastornos psicóticos, entre otros, y que, por tanto, el cannabis medicinal debe también incorporar como objetivo terapéutico la mejora de la salud mental.
Cannabis medicinal, salud mental y calidad de vida: evidencia científica
En un estudio con 129 pacientes con depresión resistente al tratamiento que fueron tratados con cannabis medicinal en la Sapphire Medical Clinics, única clínica que requiere que los pacientes estén registrados en la UK Medical Cannabis Registry (Reino Unido), se observó una reducción de la severidad de la depresión en los meses 1, 3 y 6 de seguimiento [13]. Además, el cannabis medicinal mejoró el funcionamiento neurocognitivo en los pacientes bipolares y también la mejora de sus síntomas [14,15]. En un estudio de cohortes controlado se observó una reducción de la severidad de los síntomas del trastorno de estrés postraumático con productos de CBD [16]. En dos estudios controlados aleatorizados con cannabis medicinal basado en productos ricos en CBD en pacientes esquizofrénicos, se observó una disminución de los síntomas psicóticos positivos, como alucinaciones y delirios, a la vez que una mejora del rendimiento cognitivo y un aumento de ADA [17,18].
Todos estos datos nos indican que, no solo en estudios anecdóticos, sino también observacionales y de más alta exigencia metodológica, como algunos estudios controlados, se obtienen resultados favorables del uso del cannabis medicinal para la mejora de la salud mental.
Por otra parte, a finales del siglo XX la OMS acuñó el término de "calidad de vida relacionada con la salud", para poner en valor la importancia de favorecer una calidad de vida suficiente, sobre todo en pacientes con enfermedades crónicas. Por tanto, no solo se considera la curación de la enfermedad como el objetivo principal del tratamiento médico, sino que la calidad de vida adquiere un valor de primera importancia para conseguir la mejora integral, física y psíquica, de los enfermos con peores pronósticos o enfermedades crónicas.
También el cannabis medicinal ha tenido como objetivo la mejora de la calidad de vida. Así, en un estudio anteriormente citado, con pacientes con depresión resistente al tratamiento, se observó, además de la mejora en los niveles de depresión, también una reducción significativa en los niveles de ansiedad general, mejora de la calidad del sueño y calidad de vida relacionada con la salud (medida con e EQ-5D-5L), en la línea base y después de 1, 3 y 6 meses de tratamiento [13].
También nosotros hemos realizado un estudio sobre el cannabis medicinal y la mejora de la calidad de vida. Se trata de un estudio realizado por la Universidad de Valencia, con la Asociación Terapéuticas Hierbas Castelló y la colaboración de la asociación Fes-Ho-Bé! y Fundación CANNA. Se trata de un estudio observacional con 22 pacientes con diferentes enfermedades (cáncer, fibromialgia, dolor crónico, etc.) durante 7 meses. Se realizó una primera sesión de diagnóstico y anamnesis del estado de salud actual del paciente por cuenta del equipo médico, y también se les aplicaron dos cuestionarios de calidad de vida relacionada con la salud (el EQ-5D-5L y el SF-36). Durante los siguientes 6 meses se realizó un seguimiento mensual de su progreso, evaluando su calidad de vida mediante los mismos instrumentos utilizados en la sesión diagnóstica.
Los resultados fueron muy claros. Los pacientes mejoraron significativamente su calidad de vida relacionada con la salud en todas las dimensiones que miden los instrumentos utilizados. El EQ-5D-5L mide 5 dimensiones: movilidad, autocuidado, actividades cotidianas, dolor/malestar, ansiedad/depresión, además de una escala de salud. Los pacientes mejoraron en todas las dimensiones a lo largo de medio año. El FS-36 mide 8 dimensiones de calidad de vida, de las cuales se obtienen dos grandes dimensiones: salud física (función física, rol físico, dolor, salud general) y salud mental (vitalidad, función social, rol emocional, salud mental). Pues bien, en todas las sesiones de seguimiento, la mejora de la dimensión de salud mental fue claramente superior (pasando de un puntaje medio de 33,06 a 41,40) a la mejora de la dimensión de salud física (pasando de un puntaje medio de 32,21 a 37,36). Es importante destacar en este punto que la calidad de vida relacionada con la salud tiene un componente de salud mental muy importante, ya que este concepto propuesto por la OMS, tal como ya se ha comentado más arriba, tiene una vocación integradora, holística, entendiendo la salud en general como la complementación de la salud física y mental. Hay también que destacar que se produjo un ligero descenso de la calidad de vida en los últimos dos meses en algunos pacientes. Si tenemos en cuenta que estos dos meses coinciden con el comienzo de la pandemia de COVID-19, podemos concluir que el cannabis medicinal tuvo un impacto suficientemente positivo en la mejora de la calidad de vida a pesar de las condiciones desfavorables que supuso la pandemia.
El procedimiento llevado a cabo en este estudio está expuesto con todo detalle en Amigó y Miravete (2024) [4].
Con todo lo expuesto en este artículo queda perfectamente claro que el cannabis medicinal no solo debe ser aplicado para el tratamiento de enfermedades y mejora de la salud física sino también para la mejora de la salud mental. Hay multitud de indicios, estudios observacionales y controlados que nos indican el camino a seguir en los próximos años en la investigación sobre el cannabis medicinal y la salud mental y su uso clínico para el tratamiento de trastornos mentales.
Bibliografía:
[1] Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NASEM); División de Salud y Medicina; Comité sobre los Efectos de la Marihuana en la Salud: Una Agenda de Revisión de Evidencias e Investigación; Junta de Salud de la Población y Práctica de Salud Pública. Los efectos del cannabis y los cannabinoides en la salud: estado actual de las pruebas y recomendaciones para la investigación. Washington (DC): National Academies Press (US); 2017.
[2] National Institut on Drug Abuse (NIDA, 2023). El Canabis (marihuana) – Reporte de investigación. ¿Existe una conexión entre el consumo de marihuana y los trastornos psiquiátricos? (obtenido 12-02-24, https://nida.nih.gov/es/publicaciones/serie-de-reportes/la-marihuana/existe-una-conexion-entre-el-consumo-de-marihuana-y-los-trastornos-psiquiatricos).
[3] Turna, J., Simpson, W., Patterson, B., Lucas, P., & Van Ameringen, M. (2019). Cannabis use behaviors and prevalence of anxiety and depressive symptoms in a cohort of Canadian medicinal cannabis users. Journal of psychiatric research, 111, 134–139. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2019.01.024
[4] Amigó, S. y Miravete, J. (2024). Cannabis para mejorar tu salud mental. Claves para la regulación. Castellón: Educamen.
[5] Hill, M. N., Miller, G. E., Ho, W. S., Gorzalka, B. B., & Hillard, C. J. (2008). Serum endocannabinoid content is altered in females with depressive disorders: a preliminary report. Pharmacopsychiatry, 41(2), 48–53. https://doi.org/10.1055/s-2007-993211
[6] Hill, M. N., Miller, G. E., Carrier, E. J., Gorzalka, B. B., & Hillard, C. J. (2009). Circulating endocannabinoids and N-acyl ethanolamines are differentially regulated in major depression and following exposure to social stress. Psychoneuroendocrinology, 34(8), 1257–1262. https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2009.03.013
[7] Neumeister, A., Normandin, M. D., Pietrzak, R. H., Piomelli, D., Zheng, M. Q., Gujarro-Anton, A., Potenza, M. N., Bailey, C. R., Lin, S. F., Najafzadeh, S., Ropchan, J., Henry, S., Corsi-Travali, S., Carson, R. E., & Huang, Y. (2013). Elevated brain cannabinoid CB1 receptor availability in post-traumatic stress disorder: a positron emission tomography study. Molecular psychiatry, 18(9), 1034–1040. https://doi.org/10.1038/mp.2013.61
[8] Crippa, J. A., Zuardi, A. W., Garrido, G. E., Wichert-Ana, L., Guarnieri, R., Ferrari, L., Azevedo-Marques, P. M., Hallak, J. E., McGuire, P. K., & Filho Busatto, G. (2004). Effects of cannabidiol (CBD) on regional cerebral blood flow. Neuropsychopharmacology: official publication of the American College of Neuropsychopharmacology, 29 (2), 417–426. https://doi.org/10.1038/sj.npp.1300340
[9] Kranaster, L., Hoyer, C., Aksay, S. S., Bumb, J. M., Leweke, F. M., Janke, C., Thiel, M., Lutz, B., Bindila, L., & Sartorius, A. (2017). Electroconvulsive therapy enhances endocannabinoids in the cerebrospinal fluid of patients with major depression: a preliminary prospective study. European archives of psychiatry and clinical neuroscience, 267(8), 781–786. https://doi.org/10.1007/s00406-017-0789-7
[10] De Marchi, N., De Petrocellis, L., Orlando, P., Daniele, F., Fezza, F., & Di Marzo, V. (2003). Endocannabinoid signalling in the blood of patients with schizophrenia. Lipids in health and disease, 2, 5. https://doi.org/10.1186/1476-511X-2-5
[11] Giuffrida, A., Leweke, F. M., Gerth, C. W., Schreiber, D., Koethe, D., Faulhaber, J., Klosterkötter, J., & Piomelli, D. (2004). Cerebrospinal anandamide levels are elevated in acute schizophrenia and are inversely correlated with psychotic symptoms. Neuropsychopharmacology: official publication of the American College of Neuropsychopharmacology, 29(11), 2108–2114. https://doi.org/10.1038/sj.npp.1300558
[12] Leweke, F. M., Giuffrida, A., Koethe, D., Schreiber, D., Nolden, B. M., Kranaster, L., Neatby, M. A., Schneider, M., Gerth, C. W., Hellmich, M., Klosterkötter, J., & Piomelli, D. (2007). Anandamide levels in cerebrospinal fluid of first-episode schizophrenic patients: impact of cannabis use. Schizophrenia research, 94(1-3), 29–36. https://doi.org/10.1016/j.schres.2007.04.025
[13] Mangoo, S., Erridge, S., Holvey, C., Coomber, R., Barros, D. A. R., Bhoskar, U., Mwimba, G., Praveen, K., Symeon, C., Sachdeva-Mohan, S., Rucker, J. J., & Sodergren, M. H. (2022). Assessment of clinical outcomes of medicinal cannabis therapy for depression: analysis from the UK Medical Cannabis Registry. Expert review of neurotherapeutics, 22(11-12), 995–1008. https://doi.org/10.1080/14737175.2022.2161894
[14] Ringen, P. A., Vaskinn, A., Sundet, K., Engh, J. A., Jónsdóttir, H., Simonsen, C., Friis, S., Opjordsmoen, S., Melle, I., & Andreassen, O. A. (2010). Opposite relationships between cannabis use and neurocognitive functioning in bipolar disorder and schizophrenia. Psychological medicine, 40(8), 1337–1347. https://doi.org/10.1017/S0033291709991620
[15] Gruber, S. A., Sagar, K. A., Dahlgren, M. K., Olson, D. P., Centorrino, F., & Lukas, S. E. (2012). Marijuana impacts mood in bipolar disorder: a pilot study. Mental health and substance use: dual diagnosis, 5(3), 228–239. https://doi.org/10.1080/17523281.2012.659751
[16] Elms, L., Shannon, S., Hughes, S., & Lewis, N. (2019). Cannabidiol in the Treatment of Post-Traumatic Stress Disorder: A Case Series. Journal of alternative and complementary medicine (New York, N.Y.), 25(4), 392–397. https://doi.org/10.1089/acm.2018.0437
[17] McGuire, P., Robson, P., Cubala, W. J., Vasile, D., Morrison, P. D., Barron, R., Taylor, A., & Wright, S. (2018). Cannabidiol (CBD) as an Adjunctive Therapy in Schizophrenia: A Multicenter Randomized Controlled Trial. The American journal of psychiatry, 175(3), 225–231. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2017.170303
[18] Boggs, D. L., Surti, T., Gupta, A., Gupta, S., Niciu, M., Pittman, B., Schnakenberg Martin, A. M., Thurnauer, H., Davies, A., D'Souza, D. C., & Ranganathan, M. (2018). The effects of cannabidiol (CBD) on cognition and symptoms in outpatients with chronic schizophrenia a randomized placebo controlled trial. Psychopharmacology, 235 (7), 1923–1932. https://doi.org/10.1007/s00213-018-4885-9