Conoce a los expertos: Experiencia Israel

Por Bareket Scheiff Keren

La doctora Bareket Scheiff Keren es una médica israelí que ha sido especialista en dolor durante casi cuatro décadas. Ha sido pionera en la evolución del cannabis medicinal en Israel. Además de ser médico a tiempo completo, participa activamente en el debate profesional y público, tanto a nivel nacional como internacional, y aboga por un mayor acceso de los pacientes al cannabis medicinal.

Esta serie de crónicas relata la experiencia personal de un médico que receta cannabis medicinal en su país. Cada artículo está narrado en primera persona y cuenta la experiencia subjetiva de cada experto.

La situación actual del cannabis medicinal en Israel

Israel fue uno de los estados pioneros en facilitar el acceso de las personas al uso del cannabis para su bienestar. El cannabis ha sido, y sigue siendo, una sustancia prohibida en Israel desde los tiempos del mandato británico sobre Palestina. El Estado de Israel adoptó la ley británica desde su fundación en 1948.

Los primeros en buscar ayuda con el cannabis en Israel fueron los oncólogos que, al igual que sus colegas de Estados Unidos, se dieron cuenta de que el cannabis podía aliviar los terribles efectos secundarios de la quimioterapia, por lo que los pacientes de cáncer que se sometían a la terapia fueron los primeros en recibir un permiso especial que luego se convirtió en una licencia oficial para el consumo de cannabis. Este proceso comenzó a principios de los años 90.

Yo tuve conocimiento de los efectos benéficos del cannabis más o menos durante ese período a través de mis pacientes.

Como muchos médicos del dolor han podido comprobar, algunos pacientes nunca manifiestan ningún tipo de alivio; al contrario, todos los tratamientos parecen causar efectos secundarios o empeorar su situación. Un paciente joven entró en mi clínica con un dolor que provenía de su columna cervical después de haber sido tratado por los mejores especialistas del país y declaró: "lo único que alivia mi dolor y me permite descansar es el cannabis".

Con este paciente comenzó mi relación, siempre complicada, con las autoridades israelíes. Me encontré con que los pacientes deben tener un permiso legal para usar la sustancia prohibida. En aquellos tiempos, escribía al director del Ministerio de Sanidad y el permiso solía ser para obtener hasta 200 gramos de cannabis por mes de cualquier fuente o cultivar hasta seis plantas de hasta un metro de altura. El documento consistía en un permiso de un año firmado por el director del ministerio y el fiscal general del Ministerio de Sanidad. A medida que aumentaba el número de consumidores de cannabis con fines medicinales, empezaron a organizarse grupos de especialistas en el cultivo y el consumo del cannabis. De modo que pacientes inexpertos y debilitados podían obtener alivio con este tratamiento especial. Aunque las organizaciones eran completamente voluntarias y se definían como instituciones compasivas.

Cualquier persona podía solicitar su consejo y apoyo de forma gratuita.

En ese momento, el uso del cannabis se convirtió en un tema habitual en el gobierno.

A principios de siglo, el Ministerio de Sanidad designó una figura dedicada a la gestión de los permisos de consumo de cannabis; esta figura se definió como "Gestor designado para las drogas peligrosas y prohibidas en el Estado de Israel".

El gestor empezó por publicar una lista de "indicaciones" para el uso del cannabis medicinal en contraposición al uso habitual del cannabis recreativo, y los permisos se cambiaron por licencias. Cualquiera que tuviera un permiso de uso debía solicitar una licencia. Las licencias estaban limitadas en tiempo y peso y eran documentos personales numerados. Si se perdían, se debía informar a la policía.

Unas pocas personas consiguieron el monopolio del cultivo de cannabis medicinal para el uso de pacientes enfermos y con necesidades.

Gradualmente, todos los que tenían permiso para cultivar su propio cannabis tuvieron que renunciar a él y la única fuente de cannabis legal provino de aquellos individuos privilegiados que obtuvieron la franquicia de cultivo especial.

A finales del año 2010, aproximadamente 10 000 pacientes eran consumidores legales de cannabis.

Las "indicaciones" para las que se podía obtener una licencia eran:

  • Pacientes con cáncer que reciben quimioterapia o radioterapia
  • Pacientes con dolor neuropático grave después de probar todas las otras modalidades de tratamiento
  • Enfermedad inflamatoria intestinal después de probar todas las otras modalidades de tratamiento
  • Esclerosis múltiple con espasticidad
  • Epilepsia intratable
  • Pacientes con SIDA

Más o menos en esa época, la televisión israelí emitió una película del director Zach Klein, «Hierba con receta médica», en la que se presentaban las virtudes del cannabis como remedio para un gran número de ciudadanos.

Los ciudadanos, ya decepcionados con la medicina convencional, se dirigían a los proveedores de servicios sanitarios en busca de cannabis. El sistema entró en pánico. Los médicos tenían que poner grandes carteles informativos en las paredes de sus consultorios "Aquí no hay cannabis".

Los pacientes que recibían cannabis eran considerados como privilegiados y a veces sentían que al distribuirlo entre sus seres queridos les hacían un gran favor. Se suponía que los propietarios del monopolio de cultivo, "los cultivadores", debían cobrar a sus clientes únicamente por sus servicios, de modo que el cannabis no se vendía como mercancía en función de la cantidad suministrada, sino más bien a un precio fijo que se pagaba por la cantidad que el paciente necesitaba. El precio fue acordado por los cultivadores de cannabis que se reunieron en un grupo sindical organizado conocido como la Mesa de cultivadores de cannabis.

Obtener el título de cultivador era muy rentable. Se concedía sin ningún examen especial o conocimientos probados, no se disponía de unos criterios conocidos para obtener el permiso y se concedía en base a las conexiones personales. Los cultivadores individuales desarrollaron sus propias cepas de cannabis y daban instrucciones a los pacientes que compraban el cannabis de acuerdo con sus propias nociones y creencias. Ni el Ministerio de Sanidad ni los médicos o los cuidadores tenían ningún control sobre lo que tomaban los pacientes.

A pesar de la situación, que era bastante caótica y se prestaba a multitud de malentendidos y abusos, el suministro de cannabis funcionaba bastante bien: los pacientes encontraban las cepas adecuadas para ayudarles y se quedaban con el cultivador que les prestaba el servicio más satisfactorio.

Sin embargo, el sistema estaba avergonzado y confuso. Las preguntas científicas, así como las médicas, no obtuvieron respuesta.

  • ¿En qué consiste eso, que reciben los pacientes y que aseguran que les es de ayuda, y que actúa?
  • ¿Cómo se puede monitorizar?
  • Y sobre todo, ¿cómo se puede regular?

En respuesta a ello, Israel creó un órgano especial denominado "Organismo israelí del cannabis", una oficina especial del Ministerio de Sanidad cuya misión es regular y vigilar el uso medicinal del cannabis en Israel.

Dado que existen pocos conocimientos sólidos sobre el cannabis en su conjunto y sobre su acción como tratamiento para las enfermedades, exceptuando las experiencias personales de los pacientes, la reglamentación es una tarea muy delicada y compleja.

Se sabe que la planta contiene aproximadamente 400 moléculas que pueden desempeñar un papel en la biología y la función del organismo vivo y que hay endocannabinoides que probablemente son activos en todas las células y tejidos humanos. Los científicos y los médicos reconocen el hecho de que el cannabis, en este momento, es un tratamiento que es más bien un ensayo para cada paciente individual. La experiencia en todo el mundo con el uso del cannabis ha demostrado que es muy seguro, lo que ha llevado a permitir su uso de forma abierta y libre y a monitorizar los resultados.

El método más aconsejable para monitorizar una gama tan amplia de fenómenos es una gran recopilación de datos de tantas fuentes como sea posible. El peor método es crear normas que no tengan fundamentos científicos y basar en ellas toda una nueva etapa de tratamiento.

La Agencia Israelí del Cannabis (ICA, por sus siglas en inglés Israeli Cannabis Agency) intervino de una forma opuesta desde el principio; esto es exactamente lo que la ICA hizo.

La actividad recibió el nombre de MEDICALIZACIÓN.

Se trataba de ignorar toda la variedad de cepas de la planta y de dividir todas las cepas de manera arbitraria según su origen (sativa e índica) y según el porcentaje de TETRA HIDRO CANNABINOL y Cannabidiol presente en las flores.

Esto obviamente no beneficia al paciente, que necesita una cepa con todo el contenido de cannabinoides, flavonoides y terpenos, sino que beneficia a la farmacia para que no tenga que ocuparse de toda la complejidad de la planta sino que tiende a tener mucha menos variedad y una forma mucho más fácil de sacar las cajas del cajón.

La llamada medicalización es un proceso que hace que el comercio del cannabis sea más fácil, más eficiente y más digno para toda la cadena de procesos industriales, desde el cultivador hasta el farmacéutico.

El objetivo no era proporcionar a los pacientes la mejor solución a su problema, sino más bien hacer que la industria fuera más eficiente y rentable para aquellos que veían el cannabis como el ORO VERDE.

Este proceso, dado que suponía alejar a los pacientes del cultivador, añadía muchos eslabones a la cadena de comercialización del cannabis y hacía que el producto final fuera mucho más caro. Empezó a venderse igual que cualquier otra mercancía, según el peso, la popularidad y la disponibilidad de cada cepa.

El mercado israelí del cannabis medicinal está sufriendo una importante sacudida.

Como cuidador, como médico, desearía que el proceso hubiera sido justo el contrario: Desearía que los pacientes pudieran elegir sus cepas, como lo hacen en Canadá y California, y luego estudiar ampliamente a nivel estadístico, qué paciente está eligiendo qué cepa, clasificar la cepa y luego definir soluciones basadas en la experiencia.

La situación actual en Israel es un completo desastre.

Desde que la ICA cambió el sistema para que los pacientes compren cannabis en sus farmacias, el precio se ha multiplicado y ya no hay cannabis de buena calidad.

Los pacientes solicitaron al tribunal supremo cambiar la situación a la anterior y el tribunal supremo ordenó a la ICA volver al método anterior, aunque los cambios son tan grandes que estamos en un punto de no retorno.

  • En Israel hay unos 60 000 pacientes con licencia para el uso de cannabis medicinal.
  • Pueden obtener cannabis en forma floreciente y como tinturas con porcentajes fijos de THC y CBD.
  • Existe una gran escasez de cannabis en Israel y todo el que hay disponible se somete a radiación antes de su comercialización.

Los pacientes están frustrados y desesperados, y yo también.