Actualización Octubre 2015 - Estudio de la Calidad de Vida Relacionada con la Salud en usuarios terapéuticos de cannabis

Por José Carlos Bouso

José Carlos Bouso es Psicólogo Clínico y doctor en Farmacología. Sus áreas de interés son la psicofarmacología y las propiedades terapéuticas de los entactógenos, los psicodélicos y el cannabis. Ha realizado investigación terapéutica con MDMA, investigación farmacológica con diferentes sustancias de origen tanto vegetal como sintético, así como estudios de los efectos neuropsicológicos a largo plazo de sustancias como el cannabis, la ayahuasca y la cocaína. Es autor del libro "Qué son las drogas de síntesis", y co-autor de “¿La marihuana como medicamento? Los usos médicos y terapéuticos del cannabis y los cannabinoides" y de "Ayahuasca y salud". Sus investigaciones se han publicado en revistas científicas. Actualmente, es Director de Proyectos Científicos de la Fundación ICEERS.

El cannabis es probablemente la primera planta que el ser humano ha cultivado intencionadamente por motivos que no son alimenticios, sino debido a sus cualidades como fuente de fibra para fabricar ropas, cuerdas o papel (la primera biblia se imprimió en papel de cáñamo y las velas que llevaron a Colón a América estaban fabricadas con fibra de cáñamo) y, sobre todo, por sus propiedades médicas. El uso de la planta del cannabis como fuente de medicinas es milenario. Sin embargo, debido a diferentes cuestiones de índole tanto médica como política, a principios del siglo pasado su uso médico fue perdiendo vigencia, para resurgir de forma clara, persistente y con evidentes razones para hacerse un hueco dentro de la farmacopea actual y, definitivamente, establecerse.

Ello fue debido gracias al descubrimiento, hace ya más de 20 años, del sistema cannabinoide endógeno. Hasta entonces se desconocía cómo el cannabis producía sus efectos tanto psicoactivos como terapéuticos. El descubrimiento primero de la anandamida, un endocannabinoide endógeno, y seguidamente de otros endocannabinoides así como de los receptores sobre los que estos actúan, abrió el interesante camino que hoy ya ha dado lugar a la aparición de miles de artículos científicos sobre el funcionamiento del sistema cannabinoide endógeno. Todos los animales disponemos dentro de nuestro organismo de un sistema de señales bioquímico regido por sustancias y receptores cannabinoides, cuya principal función es regular la homeostasis del organismo, esto es, permitir que, cuando este sufre una alteración fisiológica, dicha alteración pueda ser rápidamente corregida. En condiciones fisiológicas normales nuestros cannabinoides endógenos hacen esta función. Pero cuando la alteración es lo suficientemente importante como para que nuestros cannabinoides endógenos sean incapaces de corregirla, la utilización de cannabinoides exógenos (como la marihuana, los derivados de la planta del cannabis o diferentes cannabinoides tantos herbales –fitocannabinoides- como sintéticos) pueden ayudar al organismo a recuperar su homeostasis natural.

El potencial terapéutico del cannabis y de los cannabinoides es tan diverso y versátil debido a la amplia distribución que tienen los receptores cannabinoides en nuestro organismo. Están especialmente presentes en el cerebro, de ahí su utilidad en numerosas enfermedades cerebrales, como por ejemplo las demencias y otros trastornos neurodegenerativos, y en el sistema inmunitario, cuya función es proteger al organismo de agentes patógenos externos pero, sobre todo, “internos”: A veces el sistema inmunitario tiene una actividad anormalmente exagerada, dando lugar a enfermedades autoinmunes donde las células inmunitarias encargadas de defender al organismo, por razones aún desconocidas, lo atacan, como ocurre en la colitis ulcerosa o la esclerosis múltiple. En este sentido, los cannabinoides ayudan a regular la actividad del sistema inmunitario.

La medicina actual sigue mirando con recelo la utilización terapéutica del cannabis y de los cannabinoides. Las razones para ello son complejas, e incluyen motivos de tipo sociopolítico y también de índole científica. Es cierto que ya existen fármacos igual o más eficaces que el cannabis para tratar las enfermedades para las que este es útil. Aún así, y a pesar de las condiciones de prohibición en las que se sigue encontrando la planta del cannabis, muchos enfermos siguen optando por utilizarlo, aún teniendo que cargar con el estigma de, para ello, no poder disponer de canales oficiales de compra y recurrir a circuitos de venta más o menos clandestinos.

En el estudio que estamos desarrollando desde la Fundación ICEERS, con patrocinio de la Fundación CANNA, y también con la ayuda económica de algunas asociaciones de cannabis y también en el pasado de la Fundación Alchimia, trabajamos la hipótesis de que, si los pacientes hacen uso del cannabis, no es tanto por el alivio que sienten de sus síntomas (que también), sino, principalmente, porque les permite llevar una mejor calidad de vida.

La calidad de vida es el término médico que se utiliza para referirse a la condición subjetiva de los pacientes que les permite realizar las actividades cotidianas de la forma más funcional y con menor sufrimiento físico y psicológico posible. El Dr. Franjo Grotenhermen lo expresa muy claramente en su libro Cannabis como medicamento cuando dice: “La alteración temporal del estado de ánimo, el distanciamiento frente al dolor y al sufrimiento o el logro artificial de una sensación de felicidad tienen sentido cuando se trata de enfermedades graves, pues les da a los enfermos fuerza y su vida cobra valor por sí misma” (p. 111).

A día de hoy existen más de 100 ensayos clínicos que abordan diferentes efectos terapéuticos del cannabis en el tratamiento de diversas enfermedades, por lo que han pasado miles de pacientes. Sin embargo, la mayoría de estos estudios están centrados en el control y la eficacia del tratamiento de los síntomas y pocos de ellos se ocupan de variables tan importantes como la calidad de vida, quizás el aspecto más fundamental hoy día en lo que se denomina “medicina centrada en el paciente”, donde el centro de atención clínica se dirige al paciente más que a la enfermedad. Además, los estudios realizados hasta la fecha contemplan un tiempo limitado de administración de cannabinoides, que puede ir de las pocas semanas hasta los 3 meses, pero se desconoce cómo influye en el largo plazo el cannabis, algo difícil de realizar en ensayos clínicos y que solo puede investigarse mediante estudios de seguimiento a largo plazo.

Estas son las razones que nos han conducido a plantear un estudio que tiene como objetivo principal evaluar el efecto del cannabis sobre la calidad de vida a lo largo de dos años en la vida de las personas que lo utilizan con fines de automedicación. Debido a que el cannabis no se puede conseguir por canales de distribución oficial, los pacientes que lo usan lo suelen hacer con ninguna o rara supervisión médica (existen asociaciones de usuarios de cannabis que cuentan con gabinetes médicos, pero esto es más, a día de hoy, la excepción que la norma). Poder tener un mejor conocimiento de los efectos a largo plazo, tanto médicos como de posibles efectos adversos, es otro de los objetivos de este estudio.

Estudio de calidad de vida

Hasta el momento se han dado de alta en nuestro estudio 112 pacientes, de los cuales 47 se encuentran en activo. La participación en el estudio requiere que los pacientes cumplimenten una serie de cuestionarios que preguntan sobre sus síntomas, sobre diferentes aspectos de su calidad de vida, así como del tipo de cannabis que usan, vías de administración, patrones específicos de consumo, medicación concomitante, etc. El cuestionario se tarda en rellenar entre 30 y 40 minutos y hay que hacerlo cada 4 meses durante 2 años, algo que muchos pacientes consideran extenuante, de ahí el bajo índice de respuesta. La recogida de datos científicos para poder estudiar su evolución a lo largo del tiempo requiere de estos procesos rutinarios (y aburridos), por lo que la motivación de los voluntarios debe ser alta. Algo con lo que, desafortunadamente, no nos estamos encontrando. También recogemos muestras de pelo cada 4 meses, con el objetivo de analizar diferentes cannabinoides y poder poner en relación las medidas de síntomas con los cannabinoides utilizados por los pacientes. Ya tenemos, sin embargo, pacientes que se encuentran en su año de participación en el estudio y a finales de año esperamos tener ya cerrada la muestra final, que preveíamos de 200 inicialmente pero que, desafortunadamente, quizás debido a que en los clubes y asociaciones cannábicas hay menos socios terapéuticos de los que preveíamos, la muestra final será menor. Esperamos llegar a 100. Gracias al apoyo, principalmente, de federaciones como la CATFAC, o de asociacines como la CATA de Zaragoza, principales fuentes actualmente de pacientes, y otras, este estudio puede seguir adelante en cuanto a reclutamiento de voluntarios.

En la gráfica se pueden ver las patologías que actualmente conforman la muestra de nuestro estudio. Esperamos con este estudio poder seguir profundizando en las cualidades terapéuticas del cannabis. Esta vez no solo en tanto en cuanto a su capacidad para modular la sintomatología de las enfermedades (que también), sino en cómo beneficia subjetivamente a los pacientes y les permite una mejora de su calidad de vida.